

23
años de experiencia en supply chain global
35K
usuarios impactados en Heineken
101
plantas en las que implementé proyectos
Experiencia que se vive, no que se estudia
Soy Vicepresidenta de Supply Chain con 23 años de experiencia liderando operaciones, transformación digital y equipos globales en empresas como Heineken, Unilever, ASML, Crocs y Capri Holdings. A lo largo de mi carrera he liderado proyectos de alto impacto en almacenes, logística, planificación e inventarios — combinando metodologías ágiles y de cascada, siempre con un enfoque humano que convierte equipos ordinarios en organizaciones de alto desempeño.
En Heineken lideré la implementación de un sistema que digitalizó el proceso de TPM en 101 cervecerías, impactando a más de 35,000 usuarios — en la mitad del tiempo estimado: 2 años en lugar de 4. No fue solo un logro técnico; fue un ejercicio de change management real, con personas reales resistiendo el cambio en 3 continentes simultáneamente. Esta acción nos brindó reconocimientos en Heineken como el mejor proyecto e implementación en Supply Chain Global.
He liderado proyectos de transformación digital en empresas de moda global, trabajando con equipos en Europa, América y África. Eso me dio algo que ningún libro te puede dar: saber cómo funciona el cambio cuando las personas reales están detrás de él.
Hoy combino esa experiencia corporativa con la creación de contenido para mujeres profesionistas en todo el mundo. Mis conferencias no son charlas motivacionales son metodología aplicada, con historias reales de lo que sí funciona (y lo que no).
Mis conferencias no son teoría bajada de un libro. Son metodología que yo misma apliqué — con presupuestos reales, equipos multiculturales y plazos imposibles. Lo que enseño, lo viví. Y esa diferencia se nota desde el primer minuto en el escenario.



el ser humano
"Cada etapa de mi vida no fue un destino. Fue una preparación para lo que hoy estoy construyendo.
La decisión que lo cambió todo
Me divorcié rápido. El matrimonio duró poco y el juicio social duró más. En una cultura donde eso te define, decidí que prefería ser la señalada que quedarme donde no debía estar.
Así que declaré — sin saber muy bien cómo — que iba a regresar a Europa. No tenía un plan. Tenía una convicción.
Migrar no es de blandos
Llegué a Países Bajos pensando que solo estudiaría una maestría y regresaría.
Trece años después, aquí sigo viviendo en una granja que estoy convirtiendo en mi hogar con mis propias manos.
Pero migrar no fue romántico. Fueron 250 aplicaciones de trabajo. Rechazos que cuestionaban mi valor. La soledad de construir una vida desde cero en un idioma y una cultura que no eran los míos, sin red de seguridad, sin familia cerca, sin nadie que te dijera que iba a salir bien.
Migrar requiere adaptarte a cosas que nadie te advierte. En mi caso: tres tratamientos de fertilidad ,tres IVF, en un sistema de salud que no sabe lo que es el trato humano. Y hacerte la valiente y seguir, no porque seas fuerte, sino porque no tienes otra.
La pandemia, los muebles y la comunidad que no buscaba
Durante la pandemia, sola en casa, empecé a restaurar muebles con mis propias manos. No porque fuera una experta. Porque necesitaba crear algo, tocar algo real, ver que era capaz de transformar lo que parecía roto.
Lo que comenzó como terapia se convirtió en comunidad. Mujeres que me escribían no solo para preguntarme cómo lijar una silla, sino para contarme lo suyo. Esa pequeña comunidad se volvió mi red de apoyo emocional en uno de los momentos más difíciles de mi vida.
Ahí entendí algo que ningún MBA me enseñó: la vulnerabilidad conecta más que la perfección.
La pandemia, los muebles y la comunidad que no buscaba
Soy la antítesis de un influencer. No vendo aspiración ni cosas materiales. Comparto procesos, errores y aprendizajes reales, porque las mujeres ya tienen suficiente con fingir que todo está bien.
Mi filosofía es simple y no me da pena decirla: quiero que las mujeres quieran estar con su pareja, no que necesiten estar con su pareja. Esa diferencia entre querer y necesitar, se llama autoestima. Y la autoestima no se construye viendo. Se construye haciendo.
Hoy vivo en una granja en Países Bajos, dirijo operaciones para una marca global de moda de lujo, creo contenido para mujeres que quieren crecer, y estoy transformando una institución educativa. No porque lo tenga todo resuelto. Sino porque aprendí, a los golpes, que esperar a tenerlo resuelto es la peor estrategia.
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